Por Leovankis Corniell S.
Editor
7 de febrero de 2026
Dar positivo en un control de alcoholemia tras beber solo agua y comer pasta suena a la peor excusa posible frente a un agente de tránsito. Sin embargo, la medicina ha confirmado que este escenario, aunque extremadamente raro, es real. La condición se conoce como síndrome de autofermentación (Auto-Brewery Syndrome) y ha sido documentada por hospitales académicos como la Clínica Cleveland, la Mayo Clinic y la Universidad Johns Hopkins, que describen cómo el propio organismo puede generar alcohol a partir de los azúcares de la dieta.
El intestino puede producir alcohol
Durante años, los médicos creyeron que este fenómeno estaba causado principalmente por levaduras intestinales. Sin embargo, investigaciones recientes desarrolladas por equipos de la Universidad de California en San Diego (UC San Diego) y el Massachusetts General Hospital, centro docente de la Universidad de Harvard, demostraron que ciertas bacterias intestinales como Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae pueden fermentar carbohidratos y producir etanol en cantidades suficientes para causar síntomas de embriaguez. Los resultados fueron publicados en revistas científicas de referencia en metabolismo y gastroenterología, como Cell Metabolism y Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology.
Niveles que superan el límite legal
Los investigadores analizaron muestras intestinales de pacientes diagnosticados con este síndrome y comprobaron que, bajo determinadas condiciones, el intestino puede generar concentraciones de alcohol que superarían el límite legal para conducir en muchos países. Casos clínicos similares han sido recogidos por los National Institutes of Health (NIH) de Estados Unidos y por la Mayo Clinic Proceedings, que documentan pacientes con alcoholemias positivas sin consumo de bebidas alcohólicas.
Antibióticos: el detonante silencioso
El desequilibrio que permite que estas bacterias “productoras de alcohol” se impongan suele aparecer tras tratamientos prolongados con antibióticos. La propia Harvard Medical School, a través de su división de divulgación médica Harvard Health Publishing, advierte que estos fármacos pueden alterar gravemente la microbiota intestinal, eliminando bacterias beneficiosas y facilitando la proliferación de microorganismos oportunistas con capacidad fermentadora.
¿Se puede tratar?
Aunque el síndrome de autofermentación es poco frecuente, sus consecuencias pueden ser graves: desde intoxicaciones recurrentes hasta daños hepáticos. Centros clínicos como la Cleveland Clinic y Johns Hopkins Medicine señalan que los tratamientos actuales incluyen dietas bajas en carbohidratos, control del uso de antibióticos, probióticos específicos y, en casos extremos, trasplante de microbiota fecal, una técnica ya validada para otras enfermedades intestinales.
Un problema médico, no una excusa
Más allá de lo llamativo del fenómeno, los especialistas recuerdan que la producción crónica de alcohol en el cuerpo puede contribuir al desarrollo de hígado graso no alcohólico, inflamación intestinal y problemas neurológicos. De hecho, varios casos recogidos por la literatura médica muestran cómo personas afectadas han enfrentado sanciones de tránsito o problemas laborales antes de recibir un diagnóstico correcto.
La ciencia confirma que no se trata de un truco para evadir responsabilidades, sino de un trastorno real y documentado, que pone de relieve hasta qué punto el ecosistema intestinal puede influir en procesos que jamás imaginaríamos.
Imágenes generadas con IA
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