Por Redacción | Salud y Ciencia
Durante años, la dieta vegetariana se ha asociado con una vida más larga y saludable. Menos enfermedades cardiovasculares, menor riesgo metabólico y una mejor calidad de vida han sido algunos de sus grandes argumentos. Sin embargo, la ciencia empieza a matizar esa narrativa cuando se analiza un escenario muy concreto: la vejez extrema.
Lo que parece funcionar a los 40 o 50 años podría no ser lo más adecuado a los 90.
Un giro inesperado en la investigación sobre longevidad
Un estudio publicado recientemente en The American Journal of Clinical Nutrition ha reavivado el debate nutricional en geriatría. Tras analizar durante dos décadas a miles de personas mayores de 80 años, los investigadores llegaron a una conclusión sorprendente: los ancianos que consumían carne tenían más probabilidades de convertirse en centenarios que los vegetarianos estrictos.
La noticia ha generado polémica, pero los propios autores advierten que el mensaje no es tan simple como “la carne es mejor”. La clave está en factores como el peso corporal, la fragilidad y la pérdida de masa muscular.
Los datos detrás del hallazgo
El estudio se basó en una encuesta de longevidad realizada en población china entre 1998 y 2018. En total, se siguió a 5.203 participantes mayores de 80 años, clasificados según su patrón dietético en omnívoros y vegetarianos (incluyendo veganos y ovolactovegetarianos).
Tras ajustar los resultados por edad, sexo y estado de salud inicial, los investigadores observaron que las dietas vegetarianas se asociaban con un 25 % menos de probabilidad de alcanzar los 100 años en comparación con las dietas omnívoras. Esta asociación fue estadísticamente significativa, pero con un matiz clave: se concentraba casi exclusivamente en personas muy delgadas.
La delgadez extrema cambia las reglas del juego
Uno de los puntos más importantes del estudio es que la supuesta ventaja de consumir carne desaparece en personas con un peso considerado normal. La relación negativa entre dieta vegetariana y longevidad extrema solo se observó en participantes con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18,5, es decir, en situación de delgadez severa.
Este fenómeno refuerza lo que en medicina se conoce como la paradoja de la obesidad en la vejez. Mientras que el sobrepeso es un factor de riesgo en etapas tempranas de la vida, en edades muy avanzadas contar con reservas energéticas y masa muscular puede marcar la diferencia entre la fragilidad y la supervivencia.
La carne como aliada contra la fragilidad
La explicación biológica detrás de estos resultados apunta a un enemigo bien conocido del envejecimiento: la sarcopenia, la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular. Combatirla requiere proteínas de alta biodisponibilidad, un perfil que se encuentra principalmente en alimentos de origen animal como la carne, los huevos y los lácteos.
Además, el estudio sugiere que los vegetarianos estrictos, especialmente los más delgados, podrían no estar consumiendo suficientes calorías totales para afrontar situaciones de estrés fisiológico, infecciones o enfermedades agudas, algo especialmente crítico en edades avanzadas.
Este patrón no es nuevo. Investigaciones previas ya habían observado que, aunque reducir el consumo de carne se asocia con menor mortalidad en adultos jóvenes y de mediana edad, este efecto puede invertirse en la vejez extrema.
No es una guerra entre dietas
Los autores del estudio son claros: estos resultados no invalidan los beneficios de una dieta basada en vegetales para la población general. De hecho, para la mayoría de las personas, el objetivo principal sigue siendo prevenir enfermedades crónicas como la diabetes, la obesidad o los problemas cardiovasculares.
Lo que este trabajo pone sobre la mesa es una idea cada vez más respaldada por la ciencia: la nutrición no es estática. Las necesidades del cuerpo cambian con la edad, y lo que protege a los 40 no necesariamente protege a los 90.
Comer para la etapa de la vida
En definitiva, la longevidad no depende de una dieta universal, sino de una alimentación adaptada al contexto biológico. En la vejez extrema, mantener el peso, la masa muscular y la energía puede ser más importante que seguir principios dietéticos rígidos.
La conclusión es clara: comer bien también implica saber cuándo cambiar de estrategia.
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